RIDERS ON THE STORM

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Los Riders de la Araucanía

Así no más, como la clásica canción de The Doors, así nos sentíamos el jueves pasado, noche de brujas y Haloween en la capital, y nosotros, apretados en un refugio a los pies del Lonquimay. El viento arreciaba con toda su furia, nevaba, y hacía un frío de aquellos.

Esperando estábamos. Cocinando, adentro de los sacos, preguntándonos qué nos depararía el día siguiente….¿más nieve, más ventisca? O un sol radiante y la nieve recién caída para poder trazar nuestras líneas de descenso en esquíes…

Luego de horas de sueño para reponer el largo viaje, fuimos testigos a tempranas horas de la mañana, de cómo se amanecía un día maravilloso, con un sol que aparecía de entre las blancas nubes y el verde bosque. Y comenzaba a descongelar todo. Entonces sólo nos quedaba a nosotros ser los protagonistas. Subimos por una ventosa arista recién nevada y desde el mismísimo cráter dibujamos nuestras líneas por las laderas recién nevadas, las que serían posiblemente las últimas de la temporada. Un día fenomenal y un ascenso memorable.

Y para pagar bien el viaje, con la sonrisa de oreja a oreja nos dirigimos a uno de los campamentos más hermosos que he conocido en todos mis años de montaña por Chile.
A los pies del vecino volcán Tolhuaca, con laguna, cascada y entre un tupido bosque de Araucarias y Nirres, comenzamos al día siguiente el ascenso de nuestro último objetivo. Tratando de abrirnos paso con nuestros esquíes a la espalda, se nos abrían un paisaje maravilloso.

Últimas bajadas del Tolhuaca. Al fondo el volcán Lonquimay, el bosque encantado. A la derecha al fondo volcán Llaima

Luego de remontar, tras largas horas y no sin cansancio, las últimas laderas esquiables, vino la anhelada recompensa. Esa sensación maravillosa de deslizarse sobre sus laderas vírgenes e ir disfrutando la tremenda vista. Hasta terminar en el mismo bosque, mirar hacia arriba y decir: allá estuvimos.

Rodrigo Echeverría B.