ICE HOTEL: Parte 2

0
542
Camino a Abisko

Parque Nacional de Abisko, Provincia de Norrbotten, Suecia. Latitud 68 grados norte. Estamos a más de 200 kilómetros al norte del círculo polar ártico. Temperatura ambiente: 28 grados celsius bajo cero. Este pequeño poblado, a orillas del lago Torneträsk, está al igual que Kiruna, en la Laponia sueca, donde viven los Sami y los Renos del viejito pascuero.

Una estación de esquí, lugar de veraneo y uno de los mejores sitio de avistamiento de Auroras Boreales del mundo, como dicen ellos mismos.

Muy cerca de la frontera con Noruega, este enclave tiene dos caras muy opuestas: invierno y verano. Montañas con suaves laderas no muy abruptas, especial para excursiones estivales. En invierno, además que el sol “no sale”, es sitio para la práctica del esquí. Y menos mal que finalmente no llevé los míos pues a los menos 21 grados cierran los andariveles (por el frío no funcionan). Y claro, con menos 28 obvio que ningún andarivel funcionaba.

Era tarde, estaba más oscuro que boca de lobo, sin embargo el reloj marcaba sólo las 5 p.m. La VAN que transportaba unos turistas ingleses y que nos llevaba de “colados” por fin llegó al Hostal. Nosotros aun con adrenalina en las venas, teníamos en la retina los menos 36° celsius que marcaba durante el viaje.

Aquí es, nos dijo el chofer en excelente inglés. Espérenos un ratito por favor, le respondí, déjenos asegurarnos pues si se va no sé qué vamos a hacer. Entré y mientras Rowena pasaba al baño me acerqué a la recepcionista y le mostré un papel impreso que decía: Björkliden/Gammelgården.

Aquí no es, pero su reserva está confirmada me decía la joven rubia con bella sonrisa. Le pasarán a buscar en 10 minutos. El lugar de su reserva está lejos de acá, a unos 12 kilómetros.

Luego de horas de nervios por fin me relajé. Pasé entonces yo al baño y ahí me quedé por varios minutos.

Al rato, llega un muchacho sonriente y nos dice “Yo los llevo. Hace frío”. Nos pusimos todas las capas de ropa térmica que tenía en el bolso, 2 parkas y cinco artículos en mi cabeza (buff, pasamontañas, gorro más un Hood de cada parka) y salimos para subirnos a la nueva VAN que nos llevaría por fin a nuestro Hostal reservado.

Por que se produce la Aurora Boreal

Bueno, la historia no es tan corta pues arribados al hotel y pagado las 400 coronas de este “taxi servicio” (35 mil pesos más), le dije a esta otra niña de la recepción (también rubia): ¿y aquí alojamos entonces? Pues me mira con cara decidida y me dice: No, este es el hotel. Ustedes arrendaron una cabina que está bajando el cerro a 1,2 kilómetros de aquí. Se me cayó la cara. “y cómo nos vamos para allá (recuerden que afuera hacia -28 °C). “Pues caminando” me dice, “es muy fácil”, y saca un mapa y un lápiz, pone una cruz y dice, “usted está aquí, sale por acá, toma este sendero que baja y cruza la línea del ferrocarril, luego dobla a la izquierda, derecho 50 metros a la derecha otra vez y ya está. Es muy fácil y está señalizado, no se va a perder”.

Miro al muchacho que nos trajo en la VAN, quizás con cara de horror al pensar que si tan sólo nos perdemos camino a la cabaña, no sé cuánto rato aguantamos con menos 28 sin morir congelados. El amablemente me dice. “yo los llevo y les explico el camino de regreso”…

Con estas anécdotas y muchas más que vivimos por esos días sólo pretendo ilustrarles cómo se siente uno cuando está en un lugar donde amanece 4 horas al día, nunca ves el sol, y la temperatura no sube de los menos 25. Es que yo pensaba: estos tipos no se pueden equivocar porque se mueren. Y por eso Suecia, quizás como sus vecinos de la península escandinava, parecen países perfectos sencillamente porque todo funciona bien. Es que si no son así se mueren. Así como yo pensaba que nos moríamos si bajábamos caminando a la cabina y nos perdíamos en el camino.

Y porque habíamos llegado hasta allí…tan lejos, en pleno invierno…pues por una gran razón…¡¡queríamos ver las Auroras Boreales!!

Rodrigo Echeverría B.