LA ESCLAVITUD DEL MIEDO

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“Y de repente, 8.000 metros. Y ahí estaba yo, observando cómo se había hecho pedazos ese tonto mágico límite con el cual tuve pesadillas desde siempre. Y seguía vivo. Y no había muerto. Y seguía entendiendo. Y ya no habría más, nunca más, me prometí, pues era libre, al haber destruido las horribles cadenas de la esclavitud del miedo…”