DOWN HILL EN WHISTLER – CANADÁ: SOLO PARA VALIENTES

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Cuando acepté la invitación a Whistler la verdad jamás pensé que me iba a costar tanto llegar allá. Para que entiendan a qué me refiero, si han viajado últimamente a USA comprenderán la cantidad de trámites que hay que hacer para obtener una VISA, aunque sea de turista. En mi caso necesitaba visa para USA (en tránsito) y para Canadá.

Sucede que por un error mío no me aceptaron la solicitud de VISA en el consulado de Canada pues me faltó un formulario!! Entonces ya no tenía tiempo para realizar los trámites de nuevo sin perder el vuelo a Vancouver. Desesperado logré conseguir un pituto para sacar la VISA “por secretaria” apenas 2 días antes del viaje. Esa fue una semana estresante. Luego ya arriba del avión, un poco más relajado, pero ni tanto al tener que llegar, luego de 13 horas de vuelo y 2 1/2 horas en VAN, varios interrogatorios en el aeropuerto (a quien se le ocurre viajar con una caja de metro y medio con una mountain bike adentro) a Whistler, y que te digan que tu bike no sirve para esos lares pues allá no usan bicicletas “cross country” (una forma eufemística de referirse a la mía) sino sólo de downhill (descenso). Y claro, al ver las pistas al día siguiente me quedó claro: en Whistler, el mayor Bike park del mundo, todas las pistas (que en invierno son canchas de esquí) son efectivamente para “descenso”. O sea largas, empinadas y con una serie de baches que allá les llaman drops y jumps, que vendrían siendo la razón de la diversión. O sea sortear una ruta montado en una bicicleta de al menos USD 3.000 tratando de superar los saltos, caídas, curvas cerradas en pendiente, senderos entre medio de bosques y profundas raíces de árboles, cruces de angostos puentes de madera, bajadas de empinadas rocas….todo intentando no perder la dignidad y de salir en una sola pieza.

Eso es Whistler, una gran oportunidad de conocer a los “Pros”, los mejores del mundo montando una bicicleta, quienes te enseñan sus trucos para bajar raudamente las pistas más increíbles y adrenalíticas imaginables, sin morir en el intento. Además, por si todo esto fuera poco, tienes la oportunidad de practicar “saltos ornamentales” o sea literalmente volar por los aires para aterrizar en una cama gigante de aire “acrobag”. Cosa que por supuesto yo no intenté pues decidí que en esta vida todas mis aventuras serán tocando la tierra, aunque sea de cabeza. Quizás en una próxima vida partiendo de más chiquito (si tengo la suerte que mis padres me lleven desde pequeño a practicar), recién ahí lo estaría pensando.

Fuera de bromas, esta “Aldea de Montaña” que funciona todo el año y que fue sede de los juegos olímpicos de invierno en enero 2010, es un paraíso para practicar las habilidades de lo que ellos llaman “Rider” que es un término del cuál yo me siento muy identificado: todo aquel que es capaz de manejar un medio como el ski o la bicicleta de montaña, para deslizarse graciosamente y jugar un poco con la fuerza de gravedad. Es algo un poco distinto de la escalada y el montañismo, donde caerse no es opción; en este caso si es parte del juego. Juego sólo para valientes.