Montañismo Extremo en el K2

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Escribo estas líneas y Juan Pablo Mohr, montañista chileno, lleva 2 días desaparecido sobre los ocho mil metros en el monte K2 – Pakistán, modo invernal.

La noticia ya es ampliamente difundida no solo en las redes sociales sino en los medios.

Y muchos amigos me preguntan por él, quién es, qué hace, porqué lo hace… y esto me lleva, entre pena y rabia, a hacer algunas reflexiones.

La verdad es que para los que somos montañistas no es tan difícil entender que un ser humano tome una decisión de soportar condiciones absolutamente adversas, temperaturas que pueden bajar de los 60 grados bajo cero, hipoxia extrema y muchas otras condiciones absolutamente inhumanas para conquistar una cumbre.

Sin embargo, quienes no son montañistas o afines a esta disciplina, les parece un absoluto sinsentido lo que este joven escalador chileno estaba intentando.

Juan Pablo Mohr y el K2

Quienes nos hemos aventurado en el montañismo de grandes alturas y/o quienes se han instruido mucho de ello, sabemos que la versión más extrema del montañismo busca más que conseguir una cumbre, el probarse a uno mismo. Buscar los límites de lo humano y ojalá superarlo.

Y no es extraño que grandes montañistas hayan realizado ascensos extremos, rutas extremadamente complejas, en invierno, sin O2, en estilo alpino. Muchos de ellos han muerto intentándolo, y aun así se han convertido en referentes para sus pares y también para las nuevas generaciones.

K2 vista desde Concordia. 8.611 metros Karakorum – Pakistán. El Supremo Desafío

Y no es sólo un asunto de egos, no señor.

Porque arriesgar el pellejo va más allá del ego, cuando sales de tu carpa sabiendo que ese podría ser el último día de tu vida. Esa sensación muy probablemente fue la que experimentó Juan Pablo este 5 de febrero cuando dejó su “comodidad “ a 7.300 metros de altitud en la segunda montaña más alta del planeta y una de las más peligrosas de la tierra, y fue junto a sus dos compañeros por esa cumbre, en una jornada que difícilmente podría ser más extrema.

Y Juan Pablo y sus compañeros de ruta tenían más que claro que se estaban jugando la vida, y su aventura podría terminar en un éxito sublime o en tragedia. Con o sin cumbre.

Y como ya expresé, esa actitud es la misma de los más grandes referentes del montañismo, quienes sencillamente lograron superar los límites de lo humano, y que nos demostraron que para nuestra especie son cada vez menos los objetivos imposibles.

“Montañismo, el arte de sufrir, el arte de buscar el peligro haciendo todo lo posible por evitarlo”. (Dagoberto Delgado qepd)*.

Lograr una cumbre extrema, en las condiciones más extrema posibles…. para probar que se puede, para probarse a uno mismo. Un juego peligroso donde fácilmente puedes pasar ese límite y perderlo todo.

Porque sobre los ocho mil metros el más mínimo percance puede terminar en tragedia. Porque las condiciones son extremas, inhumanas. Donde sólo los más grandes pueden salir airosos, pero también pueden perder el juego.

Por ello muchos no lo entienden, porque el montañismo a este nivel no se razona, se vive, se experimenta. Se sufre y se disfruta a concho no más.

Más que un deporte, es una pasión que a ratos se convierte en locura.

Pero la esperanza es lo último que se pierde. Siempre debemos esperar un milagro. Y como dijo otro célebre montañista por ahí: “A esa altura estás en las manos de dios”.

Fuerza muchachos. Dios esté con ustedes.

Rodrigo Echeverría B.

  • Foto Portada: Helicóptero de Rescate en el K2 (Cortesía Chhang Dawa Sherpa)
  • Dagoberto Delgado, montañista chileno que participó del Ascenso Everest 1992 por la pared del Kangshung Face